El gran mérito.

Es importante pararse y analizar.

Siendo la política un asunto que afecta a la vida de todos es lógico creer que debemos abordarla desde la razón. Dejemos a un lado los sentimientos de pertenencia, no se puede ser del Partido Popular o del Partido Socialista como se es del Betis o del Real Madrid.

En los equipos de fútbol que apelan a nuestros sentimientos uno es seguidor siempre, se gane o se pierda. Pero esto no es fútbol.

Es lógico pensar que si uno votó a un determinado partido y éste no ha cumplido sus compromisos por los que se le votó, podamos, y sobretodo, debamos cambiar ese voto.

Entonces ¿porqué nos quejamos al mismo tiempo que les seguimos votando?

Y lo que es peor, ¿porqué tememos a aquellos que aún no nos han gobernado?

Y es entonces cuando aparece el gran mérito.

El mérito es el robo. El de la ilusión.

Es grave que nos quiten el trabajo, la vivienda, la sanidad, incluso la libertad. Pero lo verdaderamente aterrador es que nos roban la ilusión.

Y lo han hecho.

Toda esa pila de casos de corrupción, de ilegalidades e inmoralidades, esos datos económicos, han dejado una huella. La peor de todas.

Y no es la ruina económica, es la ruina moral.

Es la incapacidad de pensar que algo mejor puede ser posible. Nos han convencido que esto es lo que hay, que siempre ha sido así.
Y que no puede cambiar.

Cuando un nuevo discurso aparece no pensamos en si es mejor o peor, en si estamos de acuerdo o no.
Pensamos simplemente que es imposible.

Seguro que es igual que todos, será igual de ladrón, luego no cumplirá lo que promete, será como ellos.

Y eso es devastador para un pueblo. Creerse incapaz de cambiar su propia historia.

Eso no es aceptación, es una intolerable resignación.

Amigos, otro camino SÍ  es posible. Y necesario.
E inevitable.

Existe otro modo de gobernar, de gestionar. De actuar.
Será Podemos, o Izquierda Unida, o Equo, o alguien que aún no haya llegado. Pero será.

Señores dirigentes no van a arrebatarme la ilusión, las ganas de cambio. Y sobre todo no me van a hacer pensar que todos son y serán iguales.

Me rebelo al pensamiento único. Puede haber cambio. Debe haberlo.

No todos son como ustedes.

Ya les dí mi casa, mi trabajo, mi dignidad y hasta mi libertad.
Pero no mi lucha. Ni mi ilusión.

Cambiará.
Cambiaremos.

Y serán ustedes los que no tengan cabida.

El cambio no es posible ni necesario.

Es inevitable.

Miércoles, 27 de mayo de 2015